Un sábado entre el Pisquerito y Manuelita

Escribe César Costa Aish

Sábado 2 de Setiembre 2 y 30 pm, salgo de casa con rumbo al antiguo barrio de Magdalena la Vieja, hoy Pueblo Libre, ese lugar donde vivieron San Martín y Bolívar y durante la ocupación el chilena funcionó el Gobierno Francisco García Calderón, hasta que fue detenido y deportado a Valparaíso. No hay tráfico en Lima, parece sorprendente que en esta ciudad antes la Perla del Pacifico y después ciudad jardín que se convirtió a fines del siglo XX por decisión de Montesinos y obra y gracia de una señora que hoy narra noticias por las mañanas- en la ciudad del “ampay” farandulesco.

Ya no son los 300 mil habitantes de los años veinte, ni los 5 o 6 de fines de los 80s, hoy hay  más de 10 millones de habitantes en Lima, somos un país dentro de otro país y no hay mucho tráfico en la Av. Brasil.

Llego hasta el ovalo –o lo que fue alguna vez un ovalo– de la Av. Brasil y enrumbo por la calle Vivanco, casi finalizando el cuartel antes de entrar a la Plaza de Armas de Pueblo Libre  doblamos por una calle a la izquierda, sigo tres cuadras de frente, paso por una cevichería conocida luego hago una derecha y pasó por un Colegio que lleva las iniciales JSCH –imagino que debe ser por el Poeta de América “José Santos Chocano” aquel que pidió que lo enterrasen de pie y cuyo uno de sus poemas se imponen en el Mossone de Ica al lado de la Huacachina– rodeo el Colegio y una vieja Casa Hacienda me indica que estoy a media cuadra del Bar de mi amigo Hans Hillburg “El Pisquerito”.

Bajo del auto y toco el timbre como siempre una joven atenta me abre la puerta y cuando entró al salón, mi amiga Mariella Khon y su grupo están en el tabladillo frente al bar. Mariella es esa voz morena peruana que vivió en España y en Venezuela y que conocí en la Olla de Juanita, tres o cuatro años atrás y que canta mejor que muchas que gozan de fama y gloria en el Perú y en el extranjero, pero Mariella goza de algo más el cariño de los pisqueros como Hans o como los González del Fundo Tres Esquinas y de los que la han oído cantar y por eso la han incorporado a las damas del Pisco.

Mariella me ve y me saluda apenas cruzo el umbral de la puerta, he llegado tarde, pero he llegado le digo. Rachel, la mujer de Hans se acerca y me lleva donde el barman, el viejo Barman a quien el maestro Eduardo Dargent Chamot comparó y mencionó como el Morris del inicios de siglo XXI.

Hans está  sentado cerca a la puerta se levanta y me invita a pasar a su mesa acompañado de Luis Miguel Córdova, importador peruano de vinos Allozo de buena factura radicado en España hace casi 30 años en la ciudad de Valladolid, y conversamos los tres de todo un poco, como suele hacerse una sábado por la tarde entre amigos, entre vinos y piscos y uno que otro cóctel disfrutando de una buena música y un piqueo criollo de anticucho, lomo saltado, chicharon de pollo, tacú tacú y papa a la huancaína bajándolo después del arroz con leche y mazamorra con un acholadito de quebranta con torontel, cortesía del buen  Hans, mientras escucho a Mariella el “José Antonio” de Chabuca Granda, como sólo ella lo puede cantar, “Ódiame” y sin piedad la gente le pide “Víbora”,” Este Secreto”, ”Perfidia”, “Que Somos Amantes”, “El Plebeyo” con su estrofa prohibida  y tantas más que no pudo darse abasto mientras nadie puede repetir el verso cantado y al galope del coro de “Falso Amor” del maestro Manuela Acosta Ojeda de “yo quiero que escuches  imagen de mi alma, quien te ama y te adora, como una ventura, que no haya gozado, tu nombre quedara grabado para ser dichoso con tu falso amor”   mientras el buen Luis Miguel Córdova me dice que a las 7 pm presentarán la obra de Teatro Manuelita en el Museo de Arqueología y Antropología  frente a la Municipalidad y pienso en la obra “Simón, Simón” que vi con mi padre y mi hermano en 1985, y que protagonizaron Miguel Iza, de apenas 19 años en esos días, que hacía de Simón Bolívar y el gran Alberto Isola que hacía de su tutor y mentor Simón Rodríguez y que trataba del juramento de Bolívar ante su tutor antes de retornar a la América Colonial e iniciar su epopeya para lograr la Gran Colombia antes de morir olvidado y casi en el destierro luego de haber liberado del yugo español a 4 países(Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú) y haber fundado uno(Bolivia).

Y pienso en Manuelita, en Bolívar y en mi padre, y me digo a mi mismo que me quedaré para ver la obra mientras sigo brindando con Hans y Luis Miguel hasta que termina la tarde y me despido de todos mientras camino por la puerta de la hermosa Iglesia de altar barroco de Pueblo Libre y veo como una pareja se casa ante Dios y camino hacia el Queirolo donde las Butifarras y piqueos son mejor que lo que ellos hacen y ni pagado  me tomo su aguardiente de etiqueta blanca, Y recuerdo aquellas mañanas de los 80s cuando recorríamos la ciudad con el viejo y mi hermano y nos invitaba algún vino y algún piqueo y nos contaba sus memorias de cuando vivía en Magdalena La Vieja y nos íbamos a ver Museos antes que existiera el Facebook, Instagram y demás cojudeces que facilitan la comunicación en el 2017 y que de haber existido seguro Bolívar y San Martin hubiesen tenido tanto o más seguidores o trolls que Barack Obama, Vladimir Putin o Donald Trump. Y Manuelita, ay Manuelita ¿quién habrá escrito esa obra?

Llegó a las 6 pm al museo para ver sentado la obra y ya hay unas 30 personas sentadas en el segundo jardín de la casona que alguna vez albergó en todo su apogeo a los Libertadores. & y 30 y las 180 sillas se llenaron y sigue entrando gente, 6 y 45 y deben ser unas 250 personas, claro la entrada es libre –pienso malamente por un segundo-  7 pm  y un músico aparece para dar algunos acordes a su guitarra y una chica rubia vestida  con pantalón y camiseta blanca con botas negras comienza a ver el vestuario  que está sobre una silla en el tabladillo, y los ojos de pocos más de 400 personas la observan mientras unos jóvenes y yo le hemos cedido el asiento a unas personas mayores y una de las chicas del grupo de jóvenes me dice “discúlpame” como creyendo que me vi obligado a ceder el asiento porque atrás de una anciana venía otra anciana, y le digo “que ocurrencia, si eso deberían hacer antes de pensar en tatuarse el cuerpo como tarados” y la chica se ríe.

7 y 10 pm y los acordes de una guitarra acústica empiezan a sonar mientras la chica rubia se ha sentado en la silla al centro del escenario y empieza pasar las hojas de un libro, y mientras las pasa deja notar su molestia, amargura o frustración. Cierra el libro se levanta de la silla  y lo tira contra el tabladillo, mientras da unos pasos y enfrenta al público en un monologo extraordinario para narrarnos durante su brillante actuación la vida y obra de la mujer ecuatoriana, hija bastarda de un español, que fue pareja de Simón Bolívar desde su llegada a Ecuador hasta liberar el Perú y su muerte en alguna hacienda colombiana casi en la miseria mientras ella viviera el resto de sus días traduciendo cartas de amor en el Puerto de Paita en Piura, Perú sus últimos días.

Y ahí estaba Manuelita interpretada por Tansin Clark, actriz inglesa hija de madre venezolana y padre ingles quien el 2010 leyó un artículo titulado “La prostituta de las Américas”, referido a Manuelita Sáenz, decidió investigar sobre la vida de esa mujer viajando 6 semanas por Colombia, Ecuador, Perú para saber sobre su historia, los mitos, verdades y leyendas que se escribieron sobre ella así regreso a Inglaterra y en 3 semanas se dedicó a escribir la obra en el 2013 y se reunió con el músico colombiano Camilo Mengual quien la acompañó en esta gira al igual que sus padres, la directora de la obra y la vestuarista que la ayudaron a definir y presentar al personaje que interpretó por última vez ese sábado 2 de setiembre del 2017, por primera y única vez en Lima luego haber estrenado la misma  en Londres el 2014 y participar después en un festival en Edimburgo el mismo año para poder intentar ganar dinero e invertirlo en la obra que había escrito y así fue,  e hizo un gira por el Reino Unido el 2015 con “Manuelita” donde el público británico a quien le gusto la historia y latino que ya la conocían la llenaron de aplausos.

Una gira que unos años después la traería a Sudamérica  otra vez a Colombia, Ecuador y Perú para hacer la última función, gratuita, en Lima ante cerca de 500 personas, porque la gente siguió entrando y al culminar no sabía que la llenarían de tantos aplausos, en uno de los ambientes de la casona que alguna vez compartió San Martín y Bolívar y que en 1824 y 1825 cobijó los amores entre el Libertador y su Coronela, Manuelita Sáenz, la bastarda Manuelita como lo hizo saber ella con indignación al público espectador, porque así le decían las mujeres cucufatas de la época aquellas de las que tanto renegó don Manuel González Prada y ahora que la gira había terminado empezara a escribir otra obra que seguramente llevara hasta Chile y Argentina, “¿sobre San Martín tal vez” Le pregunté, “No lo sé aun” culminó ella, y mientras lo hacía se despedía el sr. Gabriel Armijo O´Higgins, el sr. que suele vestirse con uniforme de época retratando a Bernardo O´Higgins, su ancestro, quien había ido con su hijita a ver la obra de teatro, y que me hizo acordar las veces que caminaba los sábado o domingos por la ciudad de Lima con mis hijos y visitábamos museos y les enseñaba un poquito de historia, como me la enseñó mi padre a mí alguna vez cuando vinimos con mi hermano a ver la obra “Simón Simón” en 1985 en la Casona de al lado, antes que existiera el Facebook, Instagram y tanta cojudez más.

Al despedirme quise caminar como imagino lo habrá hecho de la mano alguna vez Bolívar con Manuelita en los 1800s y recordar que alguna hice algún festival en aquella Plaza que esta frente a las Casonas allá por el 2014, antes que una persona me pidiera una coima para volver a entregarme la Plaza para hacer nuevamente un festival, algo que no podía hacer. Esos no eran los valores que había aprendido de niño.

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