Juan Maldonado: “Me involucré con las danzas puneñas para representar a Humareda”

Con un lenguaje estrambótico, propio de uno de los pintores expresionistas más grandes que ha dado el país, el actor Juan Maldonado encarna a Víctor Humareda en un unipersonal ambientado en su casa-hotel-taller.

En “Víctor Humareda, una orquídea negra” se distingue a un personaje que no para de carcajear, de conversar con su sillón llamado Sócrates y de apreciar la belleza de su amor eterno: Marilyn Monroe. A lo largo del montaje, la figura del pintor puneño discurre sobre su manera de vivir en un tono encendido, afilado y perturbado.

Lima Gris conversó con el actor Juan Maldonado sobre esta obra, cuya última función es el lunes 17 de abril en la sede del C. C. Británico de San Miguel a las 7:30 de la noche. La entrada es libre.

Juan, es importante destacar este unipersonal pues es primordial para que las personas sepan quién fue Víctor Humareda.

Por supuesto, es un unipersonal para las personas que siguen a los artistas plásticos. Considero que todo artista peruano metido en este tipo de trabajo tiene la responsabilidad de mantener vigente a los grandes artistas. Además, ya se publicaron libros sobre él; uno de esos autores es Omar Aramayo.

Justamente quería preguntarte sobre el proceso de creación. Tengo entendido que esta obra está basada en un poema de Omar Aramayo.

Claro, esto empieza con un poema de Omar. Él llega a Cuatrotablas (grupo de teatro) cuando Mario Delgado era el director, y le pide que uno de los actores haga este trabajo aunque solo eran dos páginas. Pensaron en mí, quizá por mi contextura física. Acomodamos el poema e hicimos un texto y, basado en el trabajo de cuerpo que se tiene en Cuatrotablas, me involucré en las danzas de Puno como la diablada, kullawada, doctorcitos, tucumanos, kallawaya.

¿Se tomó en consideración la libreta personal de Humareda?

Claro, todos esos son documentos que se fueron recopilando y luego se hizo la dramaturgia con su inicio, desarrollo y final: El tema con la madre, su vida y su final con el cáncer en la garganta. Aparte de las notas, está basado en conversaciones, en lo que me contaron otras personas. Por ejemplo, me dijeron que si llegabas a su casa, él ponía cosas para decir que había tenido encuentros amorosos.

La obra se siente como si fuera una de sus pinturas: sensaciones de soledad, oscuridad, melancolía, locura y marginalidad.

Él se sentía representado con la gente marginada. Él pintaba sobre La Parada, arlequines, prostitutas. Este montaje tiene tres tipos de versiones. En la segunda versión había pinturas en el fondo. Por ejemplo, en el montaje si hablo de prostitutas, salen las pinturas de éstas, lo mismo con los arlequines y el cuadro de la madre. Pero esta versión es más fácil para mí porque así puedo llevarla a festivales.

¿Tuvo la oportunidad de conocer al pintor?

No lo conocí. Me contaron que él vivía en La Parada, La Victoria y yo también vivía cerca de allí pero no tuve el gusto de conocerlo.

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Carlos Sosa Román. (Lima) Periodista, licenciado en comunicaciones por la Universidad San Martín de Porres.

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