Gerardo Chávez: “Bellas Artes fue una especie de palacio donde uno iba a divertirse”

Fotos Jorge Fernández

El artista Gerardo Chávez es uno de los egresados de la mítica promoción de oro de 1959 de la Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú. Su rápida partida hacia Europa luego de terminar sus estudios, y su prolongada estancia en aquel continente impulsaron su carrera vertiginosamente.

Gerardo Chávez acaba de cumplir 80 años de intensa vida, y lo celebra a lo grande frente a sus pinturas y rodeado de sus admiradores. Charlamos con él sobre el terruño, su querido hermano Ángel, la escuela de Bellas Artes, su paso por la cocina, los museos que construyó, los críticos, las mujeres; y su inacabable obra.

 

Tu madre murió cuando eras muy niño ¿Qué recuerdos?

Eso fue muy intenso. Es extraordinaria la memoria que yo guardo de esa infancia cuando tenía 5 años. Yo vi a mi madre echada en su cama con esas perillas de bronce; ella cantaba y lloraba al mismo tiempo una canción muy triste. Fue curioso, porque esa canción se me reveló mucho tiempo después en una travesía en barco; y cuando estuve en la popa, me hizo llorar más que el océano; ese tema triste se llama Mi partida. Según cuenta mi hermana, yo le dije a mi madre en ese momento ¿por qué lloras cholita? y ella solamente atinó a tocarme la cabeza porque ya estaba de despedida. A los pocos días vi desfilar una serie de coronas, y respiré ese olor de las flores de despedida; pero yo me sentía como el dueño del circo, y no dejaba entrar a los niños de mi edad a la casa porque la función… era una situación muy extraña.

Luego tu padre rehízo su vida, y tuviste la figura de la madrasta que no te dio mucho cariño

Esa señora fue muy dura; y después traté de comprender por qué; fue porque ella había tenido un hijo con mi padre que también se llamaba Gerardo. Ese medio hermano se ahogó y murió; entonces, en la casa se creó una situación dramática. Esa señora si bien fue muy dura conmigo; logró que esa dureza hiciera una grandeza interna en mí, y enriqueció tal vez lo que yo hago como artista. Yo creo que esa señora nunca perdonó que yo me llame Gerardo, y por eso llevé una vida muy dura con ella.

¿Qué representa Paiján para ti; acaso el terruño, o las carencias?

Todo eso en realidad. Y yo cito a Paiján como el huerto frutal de mi niñez; allí aprendí a trabajar, a dibujar, y aprendí una serie de cosas que me han hecho crecer interiormente.

Creo que es importante hablar de tu mentor; me refiero a tu hermano Ángel Chávez. No hay nadie que no diga que fue extraordinario y único como artista

Lo que acabas de decir es así; inclusive yo haría más cosas por él. Hablar de Ángel siempre llega a ser muy poco; y creo que llegará el momento que en Perú se tendrá que reconocer a ese personaje y artista innato que produjo a alguien como yo; porque yo también soy producto de Ángel, fíjate tú.

Sin embargo, se habla muy poco de su obra

Si eso se diera, yo creo que sería un salto muy curioso en la artes. Él se pasó del arte indigenista, al abstracto; y tuvo una influencia totalmente europea y americana que no dejó ver el tránsito. En este caso mi hermano estaba jugando y pintando. Él hacia el post-indigenismo, porque fue uno de los primeros que rompió con el indigenismo, para luego pasar al tema costumbrista, y a lo que el país necesitaba. Él se inspiró también en la pintura mexicana, porque en ese entonces México nos llevaba una cierta ventaja, y procuró informarse más para poder avanzar en la evolución de su arte. Ángel Chávez aún no tiene su lugar a pesar de haber sido un gran artista, y un gran ser humano. Él fue un superdotado, y querido por todos, incluso por sus enemigos.

Pero queremos saber más anécdotas de la intimidad de dos hermanos

Tú sabes que Ángel vivía en Lima y yo en Paiján; él me llevaba 9 años, y mi edad menor me permitió ser el hijo de Ángel. Un día cuando leí el diario Última Hora se hablaba de él como uno de los cuatro grandes del pincel; ahí estaba su foto, y me dije: —yo quiero ser como él—; entonces salí de Paiján e hice todo lo posible para emigrar a Lima. En ese lapso murió mi madrasta y el viejo entró en un caos terrible; entonces yo aproveché eso y hui a Trujillo para concluir mis estudios.  Luego a los 14 años me vine a Lima al encuentro con mi hermano que ya era un pintor conocido; y cuando le dije que también quería ser pintor, me respondió: —Hermanito, esto de la pintura es muy duro— justo él acababa de casarse, y su compromiso era con su mujer, y saber buscar los chibilines. Luego él vio mis condiciones para pintar, y en una oportunidad me puso un torito de Pucará, y lo pinté; pero me dijo: —No hermanito, yo te voy a apoyar para que seas arquitecto—; le respondí que sí quería ser arquitecto, pero que también quería ser como él; porque yo veía que era un monstruo con el pincel y hacía cosas maravillosas, hacía unas copias realistas de Velásquez, y de Goya. Todo andaba bien, y había un buen acercamiento; pero, yo definitivamente sabía que jamás iba a tener la décima parte del talento de Ángel Chávez. Verdaderamente yo era la sombra de él, y eso iba a ser terrible.

¿Y hasta el día de hoy respetas eso?

Con mucho amor. Ángel es uno de los pocos artistas peruanos que ha elaborado muy bien el color, y la pigmentación de su obra. Él era verdaderamente un gran pintor.

Es curioso oír decir al propio Gerardo Chávez: “Yo no he podido hacer lo que hizo mi hermano Ángel” ¿Lo ratificas?

Sí claro. Si hay una condición que creo tener, es reconocer los valores de los otros; y eso me ha ayudado a trabajar mi generosidad y sencillez. Yo creo que el artista debe mantener esa especie de luz interna que es la humildad, la sencillez; y todo lo que uno entrega finalmente.

Sorprendentemente hoy su obra está algo barata

No es que sea barata; porque simplemente no se le ha dado el lugar debido. Ángel vendió mucha obra; él se había sobrepasado como artista. Era un virtuoso, y el  virtuosismo no siempre es bueno, porque a veces nos traiciona, y es como un cuchillo. Él tenía una máquina fotográfica en la mano; te hacia un dibujo en 5 minutos, y eso era admirable; por eso yo decía que nunca iba a ser como mi hermano.

Pero tú fuiste más rebelde

Sí; yo era rebelde porque quería hacer lo mismo que él, y no podía; entonces, había que rendirse un poco ante la realidad, y por eso quise estudiar en Bellas Artes. Él había dejado un camino muy señalado en la escuela, porque también había protestado por las cosas injustas que pasaban.

¿Qué pasó en la escuela de Bellas Artes?

Cuando llegué a la escuela todos me señalaban, y decían: ese es el hermano de Ángel Chávez; por eso hice que llamen a mi hermana que era como mi madre, para que viniera de Trujillo y hablara con el director Germán Suárez Vértiz. Luego me admitieron; y en el primer año conseguí beca porque saqué 20 de nota.

¿Y te costeabas con otros trabajos?

Yo he sido pintor de casas, y también trabajaba pintando cruces; todo eso fue una aventura muy rica.

Entonces llegaste a ser un pintor de brocha gorda

Por supuesto, de brocha gorda; pero no era muy bueno para eso, porque me mandaban a hacer algo muy difícil que era pintar los fierros de las ventanas; era algo terrible; son cosas que las puedes contar ahora.

Háblanos del grupo de tus amigos en la escuela

Nosotros gozábamos de un temperamento muy alegre. Bellas Artes fue una especie de palacio donde uno iba a divertirse; donde los profesores no eran verdaderamente profesores; porque ahí los verdaderos profesores eran los compañeros de clase; porque cada uno tenía su manera de decir las cosas, y entonces uno terminaba copiándolos. Había mucha fuerza que se creaba en el ambiente.

De la llamada promoción de Oro que tú egresaste, no todos eran muy amigos, ¿puedes revelarnos con quiénes andabas más?

Bueno, con Tilsa, con Basurco, Pantoja, y el cholo Delfín que a veces se aparecía; porque él era de la generación de mi hermano Ángel; yo creo que él estudiaba un año, y luego dejaba de estudiar 3 años; y al final lo alcanzábamos. Delfín era uno de esos que no querían pasar de año.

Y qué tal era el japonesito Shinki?

A Venancio lo conocí cuando dibujaba en las noches; era muy serio, y correcto. Después lo perdí de vista porque me fui a Europa.

Dicen que el palomilla del grupo era Galdos Rivas

Galdos era un tipo que tenía su palomillada; pero era diferente, no era el loco espontaneo; él era el que ponía sobrenombres. Por ejemplo me decía: —oye loco ¿has visto al inmortal?— El inmortal era un tal Denegri que era un cojito que tenía la pierna estirada, porque simplemente ya no podía “estirar la pata” (risas). Después, a otro pintor colega le puso: “Peón de ajedrez” porque caminaba de frente y comía de costado; porque tenía la boca un poco torcida. No menciono su nombre porque ese colega por ahí anda todavía.

¿Y Tilsa Tsuchiya?

Tilsa era muy frágil y fumaba demasiado, porque prendía un cigarro tras otro. Ella tenía una gran fragilidad, y como andaba enamorada de Basurco, se formaba un grupito de 4 personas, porque yo también tenía mi enamoradita que luego se casó. Esa tristeza fue uno de los motivos por los que decidí viajar a Europa.

Cuando egresaste de la escuela de Bellas Artes el director era Juan Manuel Ugarte Eléspuru ¿Qué roces tuviste con él?     

Claro. Él a mí me quería mucho, y recuerdo perfectamente que me llamó y me dijo que yo tenía que ser el presidente del centro federado. Le advertí que conmigo iba a tener problemas porque iba a reclamar a la escuela muchas cosas que faltaban a los estudiantes. Entonces me gritó y me reclamó que yo también era otro revolucionario, y que si era muy revolucionario ¿por qué no renunciaba a mi beca? y le respondí que yo dejaría mi beca con la condición de que me deje terminar como un egresado de Bellas Artes; y como estaba en quinto año y además muy bien en mis notas, él hizo que me pasen y me tomen un examen con los de 8vo año; pero habían algunos profesores que no estaban de acuerdo conmigo y me flagelaron con la nota, y me bajaron a 19; pero el resto alcanzó la nota 20, y tampoco estuvieron de acuerdo con que a mí me hayan promovido del 5to, al 8vo año. En ese momento yo me sentía un genio, y me propuse que algún día les iba a probar que era un triunfador. Eso me dio la rebeldía que me permitió a los 22 años tomar un barco con Tilsa y Basurco, aunque ellos estaban becados. Yo fui apenas con 50 dólares, y cuando llegamos a Italia recorrimos el Vesubio; luego en Florencia vimos de todo en pocas horas; y antes de que llegue el tren para seguir hasta Paris, yo decidí repentinamente quedarme en Florencia, y ellos se quedaron muy tristes porque no tenían un medio. Basurco me dijo que no tenía ni  para el taxi, y Tilsa también se encogió de hombros. Y de los 30 dólares que me quedaban, tuve que repartirlo entre los tres; y cada uno se quedó con 10 dólares.

En aquella época hiciste una exposición en Roma que fue muy fructífera en términos comerciales

Así es. Eso fue porque entré en simpatía con la secretaria de la galería Sixtina, que por cierto, era una hermosa niña como para enamorarse; pero yo no tenía un medio, ni para invitarle un café. El asunto es que un día ella me llamó y me dijo que había una persona que quería comprar toda la obra de la exposición; pero ella no quería que el dueño de la galería se entere; y así lo hicimos, y vendí todo. El comprador era un productor de cine norteamericano Jean Negulesco; él dirigió en el cine a Marilyn Monroe. Y el día que lo visité a su casa para llevarle mis cuadros, ahí estaba Anthony Quinn tomando wiski con Kirk Douglas; inmediatamente Negulesco me pagó con un paquete de billetes; eran 3 mil dólares. Prácticamente ese fue el primer dinero masivo que vi en mi vida.

Pero el dinero pronto se acabó

El tiempo pasó, y yo me había gastado esos dólares; además tenía una chica encinta que es la madre de mi primer hijo Daniel. Otra vez estaba perdido porque no tenía dinero, y me dio esa caída del alma como decía Vallejo; y en eso llamaron por teléfono de la galería donde yo exponía dos cuadritos pequeños, y me dijeron: —Chávez aquí está un personaje muy conocido de América latina que le ha gustado tus pinturas—; y cuando fui a la galería él ya no estaba. Al día siguiente fui al hotel donde se hospedaba aquel señor en Roma, pero ¿cómo adivinar que se trataba de este personaje chileno Roberto Matta? de tanto éxito en ese momento; y cuando vi bajar a un señor vestido con sombrero a lo inglés, le pregunté si él era el señor Matta, me dijo que sí, y entonces me presenté. Luego conversamos mucho, y me preguntó si había leído Los cantos de Maldoror del Conde de Lautréaumont; le respondí que no; —de América latina salimos analfabetos— me dijo entonces, tienes que venirte a París porque allá hay buenos libros, y tendrás que cambiar el espagueti, por los libros.

Aún eras muy joven ¿llegaste a conocer a los exponentes del surrealismo en París?

Yo llegué tarde, porque el movimiento surrealista casi no existía; pero por algunas amistades André Breton todavía se reunía con algunos artistas jóvenes por las noches una vez por semana, y entonces decidí ir a verlo. Y cuando me acerqué a ese café ubicado por Les halles en Châtelet, a ese señor se le veía muy importante y estaba rodeado de otros artistas. Yo sentía terror porque aún no sabía hablar francés, entonces, me propuse preparar un libro ilustrado que hasta el día de hoy lo tengo en mis manos de los Cantos de Maldoror. Y justo cuando terminé de ilustrar el libro con lápices de color, André Breton se murió. Antes yo no podía acercármele sin algo en la mano que pudiera ofrecerle; eso hubiera sido una experiencia maravillosa.

¿Fue realmente estrecha tu amistad con Roberto Matta?

Bueno, había una cierta distancia por la diferencia de edades; pero él jugaba conmigo; y no solamente me ilustraba y me daba ejemplos, porque me tenía como un hijo, y admiraba mi obra y mi carácter.

Wilfredo Lam te decía Chavico ¿Cómo fue tu relación con él?

También muy linda. Yo lo conocí en París en mayo del 68 en plena revuelta; fue en una reunión donde hablábamos de las mujeres cubanas. Él había tenido un amigo no recuerdo si cusqueño o puneño que apellidaba como yo. En Cuba la expresión Chávez termina en Chavico. Y cuando el tiempo pasó, allá por el año 80, Lam estaba en silla de ruedas y me pidió que le prepare un cebiche; y se lo preparé.

Entonces, ¿también te metes a la cocina?

¡Oye sí, hombre! porque la necesidad nos enseña a ser cocineros. Yo preparo el arroz con cabrito; pero me gusta mucho la Causa en lapa con caballa, aunque no la preparo porque es muy laboriosa.

Tú siempre le rendiste tributo a la mujer

Bueno sí. Comenzando desde mi madre; porque yo le tengo un gran amor a mi madre. La mujer ha sido muy considerada en mi vida, por esa razón de aspecto fuerte y frágil al mismo tiempo. Mi madre me dejó esa imagen; creo que ella en alguna parte siempre estará pendiente de mí; y sé que hasta hoy me acompaña. Tal vez, eso es lo que me ha ayudado a llamar a las mujeres en el mundo, y enredarme en esas cosas del amor; a tal punto que no sé si yo amo. Ahora estoy bastante estable con mi mujer, porque tengo más de 30 años con ella. Pero sí, le tengo una gran pasión a la mujer; sobre todo a su belleza, y a su don de parir.

¿Es necesario tener la influencia occidental europea en la pintura?

No es la influencia lo que uno busca. Uno busca aprender más, y ver más. Después de la 2da Guerra mundial se aprendieron muchas cosas como sistema de vida; los museos quedaron destrozados, y por todo ese amor por el arte, los Estados europeos estaban reconstruyendo sus países; y uno aprendía; era tan rica la manera de ver, que tenías memoria para tu país; por eso yo nunca dejé de ser peruano.

¿En serio nunca te olvidaste de tu país?

Yo antes veía a mi país desde lejos; pero ahora estoy acá, porque siempre tuve en mi corazón a mi Perú, con todas las dificultades que hay. Además, es muy raro ver a un peruano que ha vivido más de 50 años fuera de su país (como es mi caso) y que nunca se haya legalizado francés. Porque siempre he sido peruano.

Pero en el circuito del arte como que te ven muy europeizado, y una persona inalcanzable que ha perdido sus orígenes.

Yo no creo haber perdido mis orígenes de norteño; soy amante del cabrito por ejemplo.

Hay algo que hay que reconocer de tu labor, porque en Perú no están claras las políticas culturales de parte del Estado. Me refiero a los dos museos importantes que hiciste en Trujillo con tu propio dinero.

Allí en nada se mojó el Estado; en nada. No he dejado de ser peruano a pesar que me fui con mucho rencor del Perú; pero fue un rencor prefabricado para no sentir nostalgia inmediata, y así querer regresar. Con el tiempo aprendí a traer cosas a Trujillo; pues, antes de hacer el Museo de Arte Moderno, traje dos bienales de arte en el año 83 y 85. Yo siempre he acompañado mi vida con obras de otros artistas; también he sido coleccionista de la belleza. Por ejemplo, cuando veía un pintor como Venancio que tiene una obra fuera de serie, se la pedía para mi museo; y así, pasó con las de Matta, Klein, y Giacometti.

En esa época en Lima había un debate entre los artistas locales sobre el nombre que llevaría el actual MAC de Barranco

Yo en eso sí tuve mucho que ver. Habían pasado como 3 meses desde la primera idea que se publicó en El Comercio sobre el nombre que le pondrían al nuevo museo, y ningún artista protestaba aún de esa idea de llamarle al museo Fernando de Szyszlo; porque un museo de arte contemporáneo no puede llevar el nombre de un artista. En esa época todos los artistas del Perú aportamos con nuestras obras y se recaudó más de medio millón de dólares para construir los cuatro fierros de estructura a cargo del arquitecto Frederick Cooper, que al mismo tiempo era directivo de la institución; prácticamente era un todista. Pero finalmente salió el museo que vemos ahí. George Gruenberg un coleccionista industrial, fue mi primer coleccionista peruano.

El Museo del Juguete en Trujillo siempre evoca recuerdos de tu niñez, como el carrusel con caballos.  

El carrusel llegó a mi pintura como un tema a desarrollar. No sé por qué razón quise hacer un carrusel donde yo me escapaba de él montado en mi caballo blanco para buscar la Luna; aunque después analicé, y la Luna era mi madre. Un día domingo fuimos a Chosica y descubrí uno de los viejos carruseles que me recordaban mi infancia. Al día siguiente regresé a Chosica con una amiga fotógrafa que hizo varias fotos; a partir de ahí estuve más seguro, y empecé a pintar carruseles que se vendían en todo sitio, incluso en París; y de pronto me encontré con mucho dinero. Yo me hacía dos carruseles semanales; y ese dinero lo empleé para construir los dos museos en Trujillo.

Precisamente ¿Por qué ha cerrado el Museo de Arte Moderno de Trujillo?   

Momentáneamente está cerrado por los huaicos, y voy a aprovechar para restaurar algunos cuadros que se han humedecido por las lluvias. La verdad es que he decidido vender el museo de Arte de Trujillo porque hice una evaluación; y mantenerlo cuesta mucho dinero. En los últimos 5 años tuve un convenio con la universidad UPAO, y ellos pagaban la parte administrativa, pero tampoco había producción, y el museo no podía seguir siendo un mausoleo, o un elefante blanco, y tenía que funcionar con exposiciones y hacerlo viviente. Entonces le pedí el museo a la UPAO e hice otra evaluación, y cuando observé los antiguos tickets de afluencia del público, en 10 años de funcionamiento hay un promedio de 2 visitas diarias al museo. Por lo tanto no ha funcionado; pero cuando hice la fiesta de inauguración y la fiesta del primer año, todo fue distinto.

¿A qué te refieres cuando dices que has vendido el museo; hablas del recinto, o de las obras?

Me refiero a que lo voy a traer al “Perú”; porque Lima en estos casos es el Perú. Entonces voy a vender el terreno para luego poder comprar en Lima una casona que me interese para poder reinaugurar el Museo de Arte Moderno. Hay una gran casona en El Olivar de San Isidro que pertenece a Petroperú, y deseo comprarla, pero eso no es inmediato; además creo que le debería interesar al Estado y a la propia alcaldía del distrito, aunque el alcalde Velarde sí está contento que yo realice ese proyecto.

¿No crees que en ese barrio residencial podría convertirse en un museo elitista?

De ninguna manera. La idea de que sea ahí es porque es una zona céntrica, además del enorme jardín que tiene, y por la enorme concurrencia de gente que iría a visitarlo.

Dijiste que la concurrencia al Museo de Arte Moderno de Trujillo fue casi nula ¿Sucede lo mismo con el Museo del Juguete?

No. La afluencia de gente que va al Museo del Juguete permite pagar todos los servicios; y además permite pagar a los jardineros que mantienen los jardines.

En el círculo capitalino hay artistas reconocidos como Tola, de Szyszlo, Llona, Revilla, Delfín, Polanco, y tú mismo; aunque la lista es larga ¿Se conocen ustedes, fraternizan; o simplemente se observan de lejos?

Qué lindo fuese, si nosotros tuviéramos ese alcance de encontrarnos, mirarnos, y compartir desde comidas, hasta ideas. Eso es una cosa en la que nos hemos quedado muy cortos. Nuestra cultura muy cultivada en nuestros tiempos es una cultura mezquina, encerrada; todo el mundo tiene temor de hablar de lo suyo, o de decir que vendió un cuadro, o de aplaudir por la obra maestra de un colega. Nosotros necesitamos de ese intercambio, sin embargo, hay voces y posturas de algunos que dicen: —Yo soy el único artista— pero nosotros ancestralmente venimos de unas raíces artísticas extraordinarias, donde elementos como los platos para comer, o las vasijas para beber eran verdaderas obras de arte; sin embargo, no se conocen los nombres de ninguno de esos autores que hicieron parte del pasado.

¿Crees que los medios y los críticos han influido en la gente al posicionar a unos artistas, más que otros?

Es muy posible, entre otros factores. Pero ahí llegan los más relacionados, porque los valores estéticos y culturales de la obra casi no se conocen. No tenemos verdaderos críticos de arte, lo que tenemos son comentaristas de arte; pero críticos no hay. Cuando un crítico quiere hablar de Gerardo Chávez, soy la máxima estrella, y eso no es así. El crítico tiene la palabra para poder construir y deconstruir valores en el mismo valor; para poder criticarlo justamente; porque hay una sabiduría en el crítico.

Entonces esos críticos son unos aduladores; e incluso han surgido los llamados curadores

Bueno sí; pero solamente son comentaristas. Y uno ve cada vez más a esos curadores; creo que eso deriva de la palabra “cura” (risas) es muy curioso; pero no hay que olvidarse que nuestro país tiene muchos artistas. Somos muchos los que estamos ahí con todas las ganas de decir lo que sentimos; y queremos estar públicamente más entre nosotros, para poder modelar esa historia tan bella que viene día a día aportando al arte.

Transitaste por muchas corrientes y fuiste un observador del arte primitivo; del surrealismo, y de la influencia occidental europea que te guio en tus inicios; pero finalmente, cobraste la identidad de tus raíces peruanas; eso se ve claramente en obras como La procesión de la papa, donde mezclaste esos personajes míticos; cuchimilcos y demonios con nuestra escena originaria ¿Ya encontraste tu propia voz, o continúas en la búsqueda?

Yo creo que sí. Yo sigo entregado a querer encontrar cosas bellas; tampoco quiero ocultar las cosas que he logrado. Pocos peruanos han tenido en la mira rendirle un homenaje a un elemento tan importante como es la papa; y no soy culpable de eso. Yo he asumido que ese tubérculo ha nutrido al mundo, y por eso he hecho una obra de arte que la estuve pensando 5 años. Una vez encontré una bella papa en el mercado, y me dije: —qué hago contigo—; luego la mandé a vaciar en bronce; y cuando vi pasar al Señor de los Milagros: ahí nació La procesión de la papa; e inmediatamente le dije a mi mujer: —Ya lo tengo— además, yo venía de un momento de crisis porque no pintaba algo de 6 meses porque recién había fallecido mi hermano Ángel. Luego llamé a una persona que me hizo la película sobre La procesión de la papa; él fue José Yactayo, que realizó un film maravilloso. Él asistía a mi taller todos los días, durante 3 meses a seguir mi obra.

Eres un artista consagrado, y la gente te reconoce como un maestro de la pintura ¿Hablarías con los estudiantes de arte para darles pautas?

En eso debo ser sincero contigo, porque en realidad no me entusiasmó mucho ser profesor, ni dar consejos; nunca… pero no por egoísmo; sino, porque yo me he sentido siempre un estudiante; e incluso hasta ahora. Y cuando daba explicaciones a un joven artista, me estaba traicionando a mí mismo; porque mientras la palabra llegaba, yo estaba muy atrasado en lo que quería hacer. Y había una especie de contratiempo que yo no lo compartía fácilmente.

Muchos artistas tienen un egocentrismo desmedido ¿Regulas tu egocentrismo; o habitualmente llegas hasta la estratosfera?

Todo eso ha tenido su momento; como cuando uno quería aparecer en los periódicos y las revistas; todo era fenomenal, era lindo, y nos encontrábamos alimentando el ego. Pero cuando nos encontramos en la línea recta del quehacer, y de lo que verdaderamente tenemos que plantear en los últimos años de vida, uno ya está en marcha a la entrega. Por lo tanto, todo lo que toca el ego, está al costado. La verdad, que ya no festejo más eso; quizás el ego sirvió en algún momento. Cuando tenía 20 años quería irme a Europa para ser el más grande pintor; y quería existir, pero a medida que tú tomas conciencia de tu labor, te das cuenta que eres nada. Nosotros no somos nada, y hasta una hormiguita puede ser alguien, pero uno en el Cosmos también puede ser algo.

¿Qué necesita el Perú para ser un país mejor?

Aparte de su economía, te voy hablar de la cultura; porque en realidad el Perú tiene que mirar su cultura. El antiguo peruano, el pre inca, e inca miraba y sentía su propia cultura a través de todo lo que vivían. Nosotros tenemos ceramios que son la verdadera escritura de lo que ellos hacían. Todos necesitamos que a la cultura se le dé el lugar que necesita y que se merece; desde la artesanía, hasta pasar por los artistas plásticos y todo ese grupo de creadores, para que se nos dé un lugar. Y que se apueste por la cultura, y el hambre; porque el hambre y la cultura son hermanos gemelos, y han caminado siempre de la mano. Hay algo muy cierto, porque a veces se dice: ¿dónde nació ese artista?—¿qué pobreza vivió?— porque es muy raro encontrar artistas que provengan de cuna de oro; existen, pero es muy raro. La mayor parte de los creadores han nacido en la pobreza, y de una gran necesidad, y ¿por qué no decirlo? de un tremendo dolor. Porque nosotros en alguna parte sentimos un profundo dolor y tenemos rencores, pero queremos sublimar; esa es la grandeza de ese personaje que se dice artista; querer sublimar. Entonces yo le pediría al Estado que de una mirada más certera, y más segura a los personajes que queremos decir algo; y que nos lleven fuera, que lleven lo que nosotros hacemos; que vendan la cultura que existe en nuestro país.

¿Este año viene una gran retrospectiva?

Bueno, sí. La retrospectiva será el 1 de septiembre en el Museo de la Nación, y habrá unas 200 obras mías, repertoriadas como una parte de mi historia. Porque para hacer mi gran exposición completa, tendrían que buscarse obras en medio mundo. Gerardo Chávez creó en el Perú en 1980 la primera retrospectiva de un artista viviente. Yo traje esa idea, porque antes no se hacían retrospectivas de artistas vivientes, porque primero tenías que morir para que luego junten tus obras, y así hacerlo. Yo lo hice en el museo de arte italiano con 160 obras; y eso me enseñó a revisar mi trabajo. Fue como una especie de encuentro con lo que tenía, y con lo que quería hacer; entonces, uno evalúa dónde está su camino, y luego se proyecta; eso es la retrospectiva para un pintor viviente. Y ahora, en esta exposición de despedida se va incluir lo reciente, los dibujos, y la retrospectiva de mi obra que estará en 3 o 4 pisos. Va a ser una bella exposición porque yo la siento bella y hermosa; pero será una manera clara y trasparente de decir: —Yo he hecho esto—

¿Quién se encargará de la curaduría?

Somos 8 personas; pero en realidad hay un comité organizador, y por el momento estamos buscando auspiciadores. Es una exposición que va a tener un lapso de 2 meses y medio; se inaugurará el 1 de septiembre, y terminará el 16 de noviembre que es el día de mi cumpleaños; allí cumpliré 80 años.

Entonces ¿será a lo grande?

Te revelaré algo; eso va a ser interesante porque voy a convocar a un concurso de disfraces el día de mi cumpleaños, que será inspirado en la obra de Gerardo Chávez, y será en los salones de la exposición; y si podemos hacer el baile de los disfraces sería maravilloso; algo así como un carnaval de Venecia inspirado en la obras de Gerardo Chávez. En la inauguración va haber una torre de mimos que serán los personajes de mi obra, y en el momento propicio ellos comenzarán a descender de la torre y se integrarán con el público; será algo viviente y teatral. Durante el tiempo que dure la exposición habrá programas de marinera, danza de tijeras, conferencias sobre mi obra, teatro… en fin; todo aquello que siempre me gustó. Ojala se realice como lo estoy soñado; y en esto me felicito porque siempre he tenido la suerte de realizar mis sueños.

(ENTREVISTA PUBLICADA EN LA REVISTA IMPRESA LIMA GRIS 12)

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Luis Felipe Alpaca. Abogado, escritor y gestor cultural.

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