EL REGRESO DE DESCONCIERTO

Recuerdo ese momento como uno de los mejores de mi vida. La concha acústica del Campo de Marte, una banda en el escenario, un reflaco y aguardentoso cantante parado al borde del escenario, guitarras destempladas. Era diciembre de 1989. La década de los ochenta culminaba y con ella nuestros años adolescentes.  Y los subtes la despedían con el concierto El Rock de los NOventa. La canción se llamaba Condenados, y tenía el coro de la Marcha Nupcial. Era un matrimonio con la vida en versión punksubte. Era la banda del loco Erick: Desconcierto.

Ya los había visto y escuchado en el Hueko de Santa Beatriz, en los conciertos de la mítica Peña Huascarán. Y eran esa contraparte a las incendiarias canciones de Eutanasia. Los Desconcierto te desconcertaban con sus letras cachosas, callejeras, algo políticas, pero con esa frescura del punk que cultivaban bandas como La Polla Records o Eskorbuto.

Los pogos que se armaban cuando cantaban Desertare, Mueran los aburridos, Policía ayacuchano, o Condenados, eran de antología. Sobre todo en el Hueko de Santa Beatriz en donde cabían 100 pogueros en una sala de 3 x 10 metros cuadrados, si mal no recuerdo. Si tenías la mala suerte de caer al piso, pues mínimo te esperaba una pisoteada, porque nadie te levantaba, más bien contribuían a que sigas en el piso. Varios se fueron con un brazo roto o una muñeca luxada.

O quizás en la Peña Huascarán, un segundo piso frente al Queirolo de Lima, que hoy tiene la puerta tapiada porque está declarado inhabitable. Yo creo que desde esos años ya estaba considerado así, porque en su precariedad, el piso temblaba con cada pogazo que se armaba. Y no sólo con Desconcierto,en esas inolvidables tocadas como el Lima Se Muere de Setiembre de 1989, que afortunadamente alguien se le ocurrió registrar en vídeo y que hoy, gracias al Youtube, podemos ver y recordar cuando alguna vez nos desgramputeabamoshaciéndole los coros al loco Erick y compañía.

Con los años haría una gran amistad con Erick. Un tipazo que nunca deja de tener una sonrisa en los labios, una anécdota chistosa o un chiste maleado. Es de esos tipos con el cual te tomas unos tragos y las horas pasan lentas y felices.  Y más aún que aunque él diga que no es ejemplo de nada, en realidad lo es: De superación, empeño y creatividad. Y también de cómo sobrevivir al Apocalipsis, porque si supieran  todas las lacrocidades que pasó en su esmirriado andar por estas sucias calles de Lima o de Malandrena, como así él llama a su barrio de Magdalena.

Desconcierto, vendría a ser parte de la tercera hornada de bandas subtes que despedirían la década de los ochenta. Un enlace entre la radicalidad de bandas como S de M, Excomulgados y Eutanasia, y las bandas que buscaban no solo ser expresión de un momento difícil, sino también que apuntaban a hacer música en donde la creatividad y la imaginación primara por encima de los tres acordes del punk rock. Esa era su intención. Lamentablemente no duraron mucho y no pudimos disfrutar de la evolución de su música.

Pero, como digo, quedan los recuerdos. Y esa noche de diciembre de 1989, en el Rock de los NOventa, Desconcierto despediría la década como lo había hecho siempre. Erick al borde del colapso, y con muchos tragos de más, cantaba al borde de la fosa que separaba la Concha Acústica del público; y mientras hacíamos los coros de Condenados, yo sentía que era uno de los mejores momentos que estaba pasando, porque sentía que estaba realmente vivo, haciendo lo que yo quería. Y que no estaba solo, sino que cientos a mi lado se empujaban y saltaban para decirle no a todo lo que nos hartaba.

Cierta vez en que le mostraba el vídeo del concierto Lima Se Muere de 1989 a una amiga, en donde salgo pogueando cuando Desconcierto toca su tema Desertaré, me dice que le llamaba la atención la alegría que mostrábamos. En ese concierto estaba con mi amigo del colegio, el chino Yzuski, además de otros que en ese momento no conocía, pero  que ahora son mis amigos: Aníbal bajista de Barrio Calavera, el cineasta Roberto Barba (El Jarcore), el chato Víctor bajista de PTK, el Camilo (Compinche del loco Erick), el conocido César N,  Martín Melancólico cantante de Ilusión Marchita, entre otros que aún siguen y otros que ya ni siquiera están entre nosotros. No le faltaba razón a mi amiga, porque a pesar de lo que se vivía en el país, en ese concierto se nos veía felices.  Por eso espero reencontrarme con la felicidad este sábado 30 de noviembre en el concierto de retorno de los Desconcierto. Por lo pronto aún llevó los chancabuques y la casaca de cuero puestas.

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Martín Roldán Ruiz, nació en Lima en 1970. Estudió periodismo y fue guitarrista de la banda hardcore punk Dictadura de Conciencia. Es autor de la novela “Generación cochebomba” y del libro de cuentos “Este amor no es para cobardes”.

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