Foto: La República,

Caso Yactayo: ¿el descuartizamiento no es delito?

Wilfredo Zamora Carrión, el principal sospechoso de la muerte del periodista José Yactayo Rodríguez, pese a haber armado una estrategia legal para deslindar su responsabilidad penal; por sus continúas contradicciones, viene desbaratando su intento de mostrar su inocencia.

Resulta que en los últimos tiempos algunos responsables de cometer asesinatos, han intentado evadir sus responsabilidades; ¿cómo? con estrategias basadas, y favorecidas gracias a los vacíos legales del derecho penal; y/o con testimonios basados en retractaciones ulteriores.

Tal es el caso del universitario Wilfredo Zamora Carrión, que luego de ser detenido por la policía, reconoció y declaró inmediatamente haber estrangulado al periodista José Yactayo; sin embargo, luego de haber conversado con su abogado defensor, se retractó, y afirmó a los agentes policiales de que solamente descuartizó a la víctima porque ésta ya estaba muerta a causa del consumo de alcohol y drogas.

Tal como textualmente se lee en sus espeluznantes declaraciones: “Estábamos tomando licor y también droga cuando de pronto le faltó la respiración, no se movía. Me asusté y corté su cuerpo”

Evidentemente, él ratifica, que no lo mató, y que procedió a descuartizarlo, por el pánico que sintió luego de haberlo visto muerto; sin embargo, ha pedido perdón por su execrable accionar.

La versión de Zamora resulta realmente inverosímil, por las continuas contradicciones que él mismo ha venido demostrando en los últimos días. Además se ha acogido a la confesión sincera; no obstante, aquel beneficio solo es brindado por el juez según la ley, si es que el agente reconoce y/o acepta desde un primer momento ser autor de un delito, y más aún, de forma espontánea, y con carácter oportuno, cuyo reconocimiento de su responsabilidad haya sido ejercido desde que fuera detenido.

Asimismo, uno de los elementos fundamentales para la aplicación de la confesión sincera, es que ésta sea verosímil, y con una argumentación lógica. En ese sentido, la verosimilitud de la coartada de Zamora se desbarata gracias a las inconsistencias de sus propias aseveraciones.

La pregunta es: si Wilfredo Zamora no mató al editor periodístico ¿por qué lo descuartizó, y por qué no dio parte a la policía al notar la existencia de un cadáver? La razón es muy sencilla; al parecer Zamora habría intentado deliberadamente desparecer el cadáver para que luego no se pueda esclarecer las causas de su deceso; no obstante, las primeras pericias forenses arrojaron que José Yactayo murió asfixiado.

Según las estadísticas de casos comparativos de otros autores de crímenes, los patrones son los mismos. Se sabe que muchas personas que cometieron homicidios, posteriormente han intentado desaparecer las evidencias del crimen, al intentar deshacerse del cadáver; quemándolo, o descuartizándolo, para luego trasladar sus extremidades en diferentes parajes alejados.

Es evidente que este potencial sospechoso viene siendo meticulosamente asesorado por su abogado, al pretender acogerse a la confesión sincera lo que podría reducir su pena por debajo del mínimo legal; empero, lo más preocupante es que si las investigaciones no se muestran exhaustivas con respecto a todas las pericias y evidencias existentes, Zamora no podría ir a prisión, ya que taxativamente el descuartizamiento de una persona muerta no es delito en el Código Penal peruano; e inclusive, si se comprueba la responsabilidad homicida del agente, tampoco supone un aumento de pena por haber desmembrado alevosamente un cadáver.

La opinión pública solo espera la agudeza de los peritos forenses de la DIRINCRI, para determinar finalmente, la responsabilidad del sospechoso mediante una sentencia ejemplar del juez que lleva el caso, y que incluso podría llegar a 35 años de prisión; asimismo, deberán tomarse en cuenta las pruebas psicológicas y psiquiátricas que determinarán el verdadero perfil del asesino; porque dicho delito no puede quedar impune, porque ninguna persona merece ser ultimada de esa forma horrenda; y ningún periodista merece dicho destino.

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Luis Felipe Alpaca. Abogado, escritor y gestor cultural.

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