© REUTERS/ Hannibal Hanschke

Operación Wolfenstein en cuarteles alemanes

Escribe Ernesto Arias

El arresto del teniente y presunto terrorista Franco A. ha llevado a la titular del Ministerio de Defensa Ursula von der Leyen a denunciar públicamente graves faltas de disciplina al interior de las Fuerzas Armadas alemanas.

Von der Leyen denunció además una actitud general de soslayo y una idea errónea de compañerismo entre las Fuerzas Armadas alemanas. Esto habría dado lugar a que no sólo no se observaran debidamente y separaran miembros con posiciones de ultra-derecha de la institución castrense, sino que actos criminales como los perpetrados por Franco A. pasaran inadvertidos por los mecanismos de control.

El teniente Franco A. se habría registrado como peticionario de asilo en 2015 –aparentando ser sirio–,  apartado cantidades considerables de munición de las FF.AA. durante un período prolongado, antes de ser arrestado en febrero de este año en el aeropuerto de Viena donde habría ocultado una pistola.

El caso de Franco A. nutre nuevamente las sospechas de que dentro de las Fuerzas Armadas alemanas existe un red neo-nazi. Que la mística entorno a la Wehrmacht –como se denominaba el aparato militar al servicio de Hitler– se consienta entre superiores castrenses preocupa, no sólo a la titular.

Ante el panorama del proceso judicial contra el grupo militante de ultra-derecha NSU donde se reveló la implicancia directa de miembros del servicio secreto alemán en la adquisición de armas, resulta ya casi tranquilizador que ahora se haya prevenido al parecer un atentado preparado por un miembro de las Fuerzas Armadas. Aunque son casos aislados e inconexos, las instituciones en cuestión parecen brindar un ambiente propicio para personas con posiciones de ultra-derecha.

Los atentados de militantes de la extrema derecha alemana, que van desde la profanación de cementerios judíos, hasta ataques incendiarios a locales de organizaciones antifascistas y viviendas de refugiados, así como asesinatos aleatorios –como en el caso de la NSU–, han tenido incremento en esta década y evocan momentos de los años 1990s.

El caso Franco A. revela que los atentados podrían adquirir una nueva calidad. En este sentido las severas denuncias públicas de la titular del Ministerio de Defensa sobre redes de extrema derecha al interior de las Fuerzas Armadas pueden interpretarse como un grito de socorro. Que la titular goce del respaldo de la canciller Merkel le da perfil a von der Leyen, pero hará poco para debatir sobre el actual estado mental de los miembros de las Fuerzas Armadas y sus estructuras tras la avanzada profesionalización y participación en misiones de la OTAN.

Desde que se derogó el servicio militar obligatorio la sociedad alemana habría apartado aún más la atención de una institución cuyos problemas estructurales los resume el teniente coronel en retiro Jürgen Rose. Él identifica como obstáculos para corregir actitudes en la tropa la falta de democracia institucional y la disyuntiva entre denunciar manifestaciones de extrema derecha “inconciliables con el orden fundamental libre demócrata” observados en un camarada cercano, u obedecer el artículo 12 de la ley del soldado que obliga a la camaradería.

En caso de hacerse la denuncia “es probable que se abra un proceso de investigación disciplinario. Así uno le ocasiona mayor trabajo al superior. Eso no le agrada a nadie. Uno no sabe a qué se expone.” (1). Según Rose, quien al final puede verse desacreditado y perjudicado es el denunciante. Es sabido que existen redes de extrema derecha y que éstas se consideran herederas de la Wehrmacht. En ese sentido, no es la primera vez que un Ministro de Defensa alemán se vea en aprietos por denuncias sobre nazis al interior de la institución.

Cabe preguntarse si las acciones tomadas ahora, de registrar todos los cuarteles y retirar cualquier vestigio u objeto de culto a la Wehrmacht, sean medidas adecuadas para combatir el compañerismo malinterpretado y cambiar actitudes erróneas. Sin duda, para tranquilizar a la población y demostrar firmeza bastará esta acción iconoclasta. Pero para intervenir las estructuras según Rose, éste cita al antiguo titular de Defensa Volker Rühe, quien invitaba a personas con posiciones de izquierda a sumarse a las FF.AA. Que muy pocos hayan accedido a esta invitación es lamentable.

Parece dar igual desde cuál ángulo se mire el escándalo reciente entorno a Franco A. y las Fuerzas Armadas alemanas, las reglas del juego se restringen a seguir eliminando cualquier símbolo que evoque el fascismo alemán, sentados frente a la pantalla y sin encontrar salida al laberinto y sus estructuras. Sin embargo, quien podría salir fortalecido del escándalo es la titular de Defensa.

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