La solvencia moral de los productores de Pisco

Escribe César Costa Aish

El crecimiento de la Producción de Pisco en los últimos años ha sido notable, sin embargo, ha sido un crecimiento desordenado con ausencia de control eficiente de parte del Estado peruano, tal vez por falta de presupuesto o desorganización o una legislación eficaz para llevar a cabo esa labor de control necesaria que permita al propio Estado tener padrones  que recojan las áreas de cultivo de uvas pisqueras a través de censos agrarios, bodegas registradas y planes maestros a fin de que el crecimiento del sector sea un reflejo que conjugue diversos aspectos que se interceptan dentro la Palabra Pisco, una actividad productiva vinculada al sector agrario cuyos orígenes se remontan a los primeros años de inicios del virreinato y que ha ido evolucionando con el devenir de los siglos consolidando una tradición en la elaboración del aguardiente de determinadas uvas, que hoy son conocidas como pisqueras.

Esas uvas han compartido diferentes zonas del país pero con características similares de microclimas y/terruños donde se fueron asentando personas y familias que fueron construyendo y brindándole al Pisco de un elemento constitutivo básico que lo diferencia del producto que se elabora en Chile y eso se llama Tradición, la cual fue recogida y reconocida por el Estado Peruano en 1988 cuando a través de una directiva ministerial –norma de nivel reglamentario y que no hace mucho en julio último (2017) fue elevada al rango de Ley-  se le otorgó el carácter de Patrimonio Cultural de la Nación, es decir algo que identifica a la nación y cultura peruana, por lo cual merece el mayor de nuestros respetos y consideraciones por todo lo que involucra la misma y que fue pie para desarrollar la normatividad correspondiente de la Denominación de origen peruana Pisco.

Vale decir que la Denominación de Origen Pisco si bien se encuentra desarrollada a través de normas estas debe recoger elementos que fueron conformando la tradición pisquera, la cual a su vez ha sido desarrollada brillante y elegantemente a través de diversas y notables investigaciones publicadas a través de diferentes libros y/o revistas especializadas, que han ido recogiendo a través de sus diferentes momentos la historia que rodea al Pisco, desde el origen etimológico de la palabra misma, las primeras producciones, las zonas productoras, los elementos necesarios para la destilación del Pisco y el factor humano que ha ido entregándole ese carácter singular a nuestro destilado y que en muchos de los casos se ha mantenido a través de diferentes generaciones de familias que han continuado el trabajo que iniciaron sus abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, chosnos y en algunos casos ancestros de mayor arraigo con esa tierra que nos vio nacer y que se llama Perú. Por eso cuando se habla de Pisco se habla del Perú y se suscita un cierto dolor o frustración cuando al sur de nuestras fronteras nuestros amigos de Chile dice que ellos elaboraron y desarrollaron el Pisco lo cual no es cierto.

Ese elemento cultural   tuvo su punto máximo cuando se definió a partir de 1999 el Día Nacional del Pisco (4to domingo de Julio) el cual se logró luego que una generación de productores, viticultores y empresarios llevaran a cabo el emprendimiento de hacer resurgir el destilado nacional, retomando  a partir de 1994 la realización de Concursos Nacionales de Pisco habiéndose realizado recientemente en la ciudad de Moquegua, la vigésimo tercera (XXIII) edición  de este concurso, el cual a su vez –desde su primera edición- fue un retomar de aquel gran Concurso y Festival organizado en los primeros años de la década del 30 del siglo XX por un enólogo de peruano de apellido Lecaros y quien a su vez repetía los esfuerzos realizados una década antes entre el centenario de la declaración de Independencia de 1921 y la Batalla de Ayacucho y que tuvieron en Festivales y Concurso internacionales del s XIX a sus predecesores como bien lo señalara en reciente investigación publicada en el diario El Comercio por el  Ingeniero Guillermo Toro Lira.

Así las cosas fueron surgiendo o apareciendo en los últimos veintitrés años diferentes figuras que se convirtieron en emblemas de producción de diferentes zonas como Lima, Ica, Arequipa, Moquegua o Tacna, a quienes los que participan activamente en este mundo pisquero admiran por su calidad como personas y producción como solo por citar algunos casos entre productores a Don Alberto Di Laura de Quilmaná en Lima, o las Familias Rivas, Rivadeneyra o Urbina de Pacarán, o las familias Martínez, Candela o Espinoza de Lunahuana solo por dar unos ejemplos en Lima; o Las familias González de Tres Esquinas, Los Olaechea de Tacama, Los Mejía o Los Sotelo de San Juan Bautista o los Hernández de Yanquiza, Los Bernales de antigua data en Ica o los Elías, Aquache o Bohorquez de los Aquijes, o Los Rubini, Los Picasso, Los Rotondo, Los Donola, Los Zunini, o los más recientemente Temoche o Pisconte, Los Falcón, Los Euribe, Los Lovera, Los Grados que tuvieron al mismísimo Cholo Matías Grados Ferreira un emblema viviente del Pisco en el siglo XX hasta no hace mucho, quien no gustaba de participar de los concursos pero era muy respetado por todos los demás productores como también lo fue Don Ismael Orellana y que en la antigua bodega donde destilaba y repotenciada recientemente por su sobrino Reynaldo Moquillaza Orellana sacó un extraordinario Pisco que reverdeció los mejores momentos de esa bodega obteniendo la Gran Medalla de Oro en Quebranta en Ica en la etapa Regional y tercero en la etapa nacional del último concurso realizado en Moquegua gracias al esfuerzo y dedicación de su esposa Carmen Robatty y su hija Claudia Moquillaza Robatty, solo por mencionar algunos productores de larga tradición en algunos casos y otros que fueron construyéndola esforzada y honradamente y que se encuentran sus nombres y apellidos en distintas publicaciones que datan en algunos casos el origen de sus historias en el siglo XVI o XVII hasta nuestro días, ni que decir del caso arequipeño con los Zuñiga, Los Zegarra, los Torre de la Gala, los Uyen o los Moqueguanos con los Biondi Bernales, o el finado productor del Pisco del Pisco Don Berly o el Mocho, o los tacneños con los Cuneo o los Chiarella en algunos casos aún siguen vigentes y en otros nos dejaron, pero sin duda todos se conocían y en estos concursos se reencontraban.

Pueden tener diferencias entre ellos, entre diferentes zonas, argumentarse muchas cosas incluso que una vez que exista orden y presupuesto pueda verificarse y en caso tenga que sancionarse se sancione de acuerdo a lo establecido en la norma, porque ello es lo institucionalizado, lo que empezó como una práctica se fue convirtiendo en costumbre y luego fue recogido en la norma, pero la norma no puede ser miope ante casos de advenedizos que pueden cumplir con los requisitos objetivos establecidos en la legislación y sin mayor tradición que contando con autorizaciones de uso de Denominación de Origen Pisco puedan poner en riesgo a la misma.

Hay una cosa que el dinero no puede comprar y eso es el respeto por una trayectoria impecable y tradición que proviene de ancestros y es ahí donde radica la esencia misma del productor  pisquero y su solvencia moral, la cual debería ser un requisito importante que se debería incorporar como elemento constitutivo de quien merece tener la autorización de la denominación de origen Pisco y que la actual norma vigente no la establece pues ante ese vacío normativo se corre el riesgo que personas de dudosa reputación y sin tradición alguna se conviertan en productores porque cuentan con los medios o recursos para poder adquirir o arrendar tierras y/o bodegas cumplir con lo establecido en la normatividad y obtener la tan deseada denominación de origen que les permita elaborar el producto destilado llamado Pisco.

¿Se ha puesto a pensar que tan frágil y ambigua es esa norma? Al punto que, Dios no lo quiera, una persona con dineros mal habido –imaginemos a un marca que a través de sus fechorías acumulase capital suficiente para cumplir con los supuestos de la norma vigente- así podría adquirir las tierras que lo conviertan en viticultor o las bodegas donde destilar y se conviertan en productor de Pisco. Diferentes libros mencionan que los antiguos hacendados iban en sus caballos de paso, con un gallo de pelea bajo brazo y un pisco para brindar, y en la ciudad de Lima muchos se reunían en la Plaza de Toros de Acho y brindaban con el destilado, incluso se armaba uno que otro bochinche por la emoción y pasión que las corridas generaban en época virreinal, durante los albores de La República y bien entrado el siglo XX, pero si bien algunos conservan parte de aquella tradición la misma –sin desaparecer- ha ido mutando.

La inversión de capital en el campo es importante, sin duda, pero más importante  aún es que la misma sea limpia, transparente sino se corre el riesgo que personas sin mayor respeto por la tradición obtengan la denominación de origen y se conviertan en productor de Pisco y podría manchar aquella esencia social misma que motivo extraordinarias investigaciones históricas y que hizo que el Estado peruano reconociera al Pisco como Patrimonio cultural de la Nación.

No podría imaginarme a los  difuntos Tatan o Carita y Tirifilo u otros más rankeados  dueño de un Pisco sólo porque cumple para la autoridad con lo que dice la norma, ¿hecha la ley hecha la trampa? No pues, donde esta eso que siempre le escucho al Maestro Samamé “Mi nombre es Pisco y me apellido es Perú” y que alguna vez lo vi en la tarjeta del anconero “Memo” Ferreyros.

Hay que saber evaluar a quien le dan la denominación de origen de repente por ahí surge algún personaje oscuro que gana alguna medalla de Oro en algún concurso  sea este Nacional donde la entrega el Estado Peruano o Internacional donde representa al Perú y nos enloda, pues la mujer del César no solamente debe serlo sino también parecerlo y aunque la mona se vista de seda mona se queda, o sea el Pisco merece más y no solamente gente con plata sino con tradición  pues la tradición es aquello que le dio identidad y vida a lo que hoy es Patrimonio Cultural de la Nación. Máxime si PromPerú, la agencia del Estado Peruano, que vela por la imagen del país promueve  la peruanidad del Pisco en el exterior, es verdad que nada es perfecto y que hay mucho por enmendar imagínense que un tipo así le exigiera a Produce un espacio en Mistura, como se anunció previamente al Concurso Nacional, o que le exija a PromPerú la marca país y llevar su Pisco sin respetar la tradición e identidad cultural que engloba a este producto  a una Feria o evento Internacional, con fines poco lícitos.

Para evitar ello la nueva norma, aun en desarrollo, debería solicitar un certificado de antecedentes penales y judiciales  a quienes requieran la autorización de uso de la Denominación de Origen Pisco, así se podría evitar sinsabores en  un elemento que es Patrimonio Cultural de la Nación a través de un elemento que es orgullo del Perú. Ni que decir de aquellos que adulteran o realizan publicidad engañosa y trastocan los principios de buena fe que abunda en la gente del campo y que hace rato debieron haber sido sancionados.

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