Bachelet y PPK.

La chilenización en el Perú

Atrás quedaron las épocas en que los peruanos andábamos preocupados por una inminente y nueva guerra con Chile. Terrible sería revivir los saqueos, incendios, y matanzas que ocurrieron durante la ocupación chilena en nuestro país en el año 1881. Aunque, aquella ocupación ha vuelto; en la actualidad ya no se manifiesta a niveles bélicos, pero sí a niveles consorcio-comerciales.

El fin de semana hemos visto a una Michelle Bachelet conversar gratamente con PPK quien a su vez acuñó la frase: “Bisagra del Sur” (se refería a los próximos acuerdos comerciales con Chile); sin embargo, recordemos a Bachelet cuando en su condición de ministra de Defensa Nacional se preocupaba en impulsar la carrera armamentista de su país. No obstante, una década atrás (1992) aguzados empresarios chilenos empezaron a invertir con fuerza sus capitales en Perú.

Uno de los casos más sonados fue el de la fábrica de pastas Lucchetti, que luego fue clausurada por atentar contra el medio ambiente y por corrupción de funcionarios. Seguidamente, se vino un ramillete de inversiones: y se fundó Lan Perú (hoy convertida en Latam); luego hicieron lo mismo, firmas y/o marcas como: Casas & Ideas, Jockey Plaza, Megaplaza, Paris, Ripley, Saga Falabella, Sodimac, Tottus, Inkafarma, Boticas Fasa, Costa Perú S.A., Ambrosoli Perú S.A., Edegel, Primax, Clínica San Felipe, Laboratorios ROE, AFP Hábitat, Indeco, Laive Perú, Molitalia, Cinemark del Perú, Imagina, Gildemeister, y Divemotor; por mencionar solo algunas entre las centenas de empresas chilenas existentes.

Aquel conglomerado de intereses comerciales se ha desarrollado gracias a alianzas estratégicas y a contubernios con algunos lobbistas peruanos que se han encargado de asegurar las inversiones chilenas en nuestro territorio. Precisamente, uno de esos lobbistas es el propio presidente PPK que tiene estrechos vínculos con el expresidente chileno Sebastián Piñera, que a su vez es accionista de Corporación Lindley, y Andino Investment Holding, empresa asociada al cuestionado consorcio que iba a construir el aeropuerto de Chinchero en Cusco. Cabe recordar que nuestro mandatario fue director de la pesquera Exalmar (también de propiedad de Piñera) hasta diciembre de 2015; y cuyo equipo en el directorio lo integraba la también lobbista Cecilia Blume Cilloniz. Entre los socios peruanos de empresas chilenas, también se encuentran Dionisio Romero Seminario, y José Graña Miró Quesada, actual accionista del Grupo El Comercio, y que hace unos meses insólitamente libró a la justicia peruana renunciando a la presidencia del directorio de Graña y Montero, por sus vínculos con Odebrecht.

Los capitales deben ser bienvenidos siempre y cuando cumplan con nuestras leyes; lastimosamente, los gobernantes peruanos no han desarrollado una adecuada inversión pública, y tampoco han alentado a los inversionistas peruanos.

El desbordante crecimiento de la economía chilena en nuestro país se debe a que más priman los intereses económicos de un grupo de consorcios; y al parecer, no hay forma de acabar con esa permanente subordinación hacia ellos. Y esa subordinación se hace más clara con la gestión neoliberal de PPK, que desde que asumió su mando los empresarios chilenos saltan en un pie y alistan millonarias inversiones.

Si ingresáramos a un plano surrealista, podremos imaginar que tal vez Chile le declare la guerra al Perú el día que irrumpa un gobierno de facto de estilo velasquista, e intervenga las más de 400 empresas chilenas que operan en nuestro país.

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Luis Felipe Alpaca. Abogado, escritor y gestor cultural.

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