Heavy metal, de Gerald Potterton (1981)

No estoy seguro de si la expresión ‘falsa película de iniciación’ existe, siquiera ratificada relativamente por un modesto uso. Sea como fuere es una expresión que me gusta porque se ajusta muy bien al caso de Heavy metal.

Esta película vive en el país excitable y rosa, ridículo y tierno, exaltante, y unidireccionalmente agradable (por machista y simplón) de la fantasía adolescente masculina más típica (el País de la Jodienda, diría Henry Miller, ¿recuerdan? Bukowski diría otro tanto).

Casi en cada uno de sus episodios (algunos logrados con mejor pulso que otros) la nula dificultad de la realización sexual da color, calor, volumen, alegría… a un comentario audiovisual acerca de una sociedad que se iba cerrando cada vez más a la bondad del placer en su mejor version hippie / posthippie. Las apetitosas mujeres en palpitante presencia y turgencia… de dibujos animados todas, dibujadas todas por animosos dibujantes, son finalmente más accesibles… Aliviante, compensatorio, patético, elocuente sobre la clase de sociedad que… O cuando el sueño de disolver la represión empezaba a disolverse… Triste momento.

Jugar con la inocencia de la animación de seguro hizo que tuviese menos problemas de distribución. Ya pues, entrábamos en los ochentas. Tan elemental como el disfrute cuasi instantáneo de cuerpos femeninos -y en oposición complementaria- apreciaremos una esfera verde (color de la vida, jeje) que desmaterializa terrícolas y extraterrestres con lógica espectacularidad y con insuperable facilidad -y con felicidad.

Es un principio destructor entre siniestro y juguetón de una encarnación redonda y bastante unívoca del mal del otro lado del sexo. ¿O serán dos caras de lo mismo? Heavy metal y su probable vocación frustrada… da la impresión de querer ser un soft core con un aspecto de video juego nivel sudoku…  súmale el sc-fi, el film noir y ahí lo tienes… Y ay, es más fácil destruir la tierra y la vida que alcanzar la felicidad sexual… La conexión entre represión y destructividad parece entonces una idea demasiado evidente.

Primera entrega del Ciclo: CineComic II – Cineclub Invisible – CineClub UCH -Centro Cultural de la Universidad de Ciencias y Humanidades, Av. Bolivia 537, Breña. Martes 6 de febrero 7:15 pm. Ingreso libre

 

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Mario Castro Cobos. Ha dirigido las revistas de cine Voyeur (2000) y Abre los ojos (2002-2003).Ha publicado críticas en Cronopia (1998), Butaca (2004-2008), Las sumas voces (2005), la revista chilena on-line Mabuse (2007-2008) y Diario 16 (2014). Desde el 2006 escribe en la revista Godard! y es editor del blog La cinefilia no es patriota. Ha trabajado como expositor y programador en los cineclubes del Museo del Banco Central de Reserva (1997-2003), la Universidad Nacional de Ingeniería (2007), la Biblioteca Nacional (1998), el Centro Cultural Arcais (1998-2003), la Universidad Científica del Sur (2006-2007), y desde el 2005 en la Universidad Cayetano Heredia. Ha sido fundador y director del Festival Internacional de Cine Lima Independiente. Prepara un libro con una selección de sus mejores críticas desde 1998 hasta la fecha a la vez que un libro de micro textos.

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